El traumatismo craneoencefálico (TCE) presenta un patrón
epidemiológico característico con dos grandes grupos de pacientes.
Por un lado, los adultos jóvenes, en los que el TCE suele producirse
por accidentes de tráfico, actividades deportivas o traumatismos de
alta energía. Por otro lado, existe un segundo grupo formado por
personas de mayor edad, en quienes la causa principal son las caídas,
favorecidas por factores como la fragilidad, alteraciones del equilibrio o
comorbilidades. Este patrón bimodal refleja, no solo diferencias en la
causa del daño, sino también en las necesidades clínicas y
rehabilitadoras de cada grupo.
Consecuencias de TCE
Las consecuencias del TCE son heterogéneas y pueden afectar a múltiples
dominios. A nivel físico, son frecuentes las alteraciones de la movilidad, como
debilidad, problemas de equilibrio o trastornos de la marcha. A nivel
cognitivo, pueden aparecer déficits de atención, memoria y funciones
ejecutivas. En lo que a la conducta y a la emoción se refiere,son habituales los cambios de personalidad, impulsividad o
trastornos afectivos. Estas secuelas impactan directamente en la autonomía
del paciente en sus actividades diarias; de ahí la importancia de una
rehabilitación multidisciplinar precoz. Esta permite aprovechar los
mecanismos de neuroplasticidad, reducir las complicaciones secundarias y
acelerar la recuperación funcional.
En este sentido, ofrecemos un tratamiento y un seguimiento estrecho por
parte del neuropsicólogo y el médico rehabilitador, con el objetivo de
minimizar la repercusión cognitivo-conductual a largo plazo.